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Cambios observados en el clima de Asturias
Cambios en las variables climáticas de Asturias
La manifestación más evidente de que se ha producido algún cambio climático relacionado con el calentamiento global por causas antropogénicas se percibe analizando las tendencias de las principales variables climáticas a lo largo de las últimas décadas.
En el estudio titulado “Evidencias y efectos potenciales del cambio climático en Asturias”, que reúne las conclusiones del Panel de Expertos CLIMAS, se analizan las tendencias de distintas variables climáticas que se han observado en Asturias desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad.
En el caso de la temperatura, el estudio revela un aumento constante y homogéneo en el periodo analizado, más pronunciado en primavera y verano, y con especial incidencia en las temperaturas máximas, que se traduce en un incremento medio de la temperatura atmosférica de 0,21ºC cada década a lo largo del periodo 1961-2007.
Si las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) continuasen situándose en tasas medias y altas, las proyecciones de los modelos climáticos prevén un incremento térmico en Asturias de 5ºC a finales del siglo XXI, con un calentamiento más notable en verano, que podría alcanzar los 6,5ºC. En un escenario de emisiones de GEI controladas, el promedio de aumento para esa fecha sería de 2ºC.
Basándose en la relación entre temperatura y precipitación, no se descarta que en Asturias se produzca un cambio rápido de las precipitaciones asociado al calentamiento climático anual, si el clima responde siguiendo el patrón de los paleoregistros de los últimos 2.000 años, que indican que los periodos más secos son los cálidos, mientras que los periodos fríos han sido más lluviosos.
En los escenarios de emisiones de GEI altas, la reducción de las precipitaciones a finales del siglo XXI puede llegar a ser de un 30% respecto al periodo 1960-1990, pero si se aplican políticas de mitigación de las emisiones de GEI, para un escenario de emisiones bajas la disminución se mantiene en un 15% respecto al mismo periodo.
Los fenómenos meteorológicos extremos también están sufriendo alteraciones. En los últimos 50 años se ha producido un descenso del número de días fríos en otoño e invierno, y un aumento de los días cálidos en primavera y de las noches cálidas en verano.
Las previsiones anuncian un aumento de los fenómenos extremos, en especial de las temperaturas máximas de los días más calurosos de todas las estaciones, pero sobre todo en verano, acompañado de una reducción de las lluvias torrenciales en todas las estaciones, excepto en invierno.
El estudio también revela cambios en otras variables climáticas como la humedad relativa, cuya tendencia en los modelos climáticos de proyección indica una reducción en todas las estaciones del año, lo que supondría un aumento de la capacidad desecante del aire. O bien en la nubosidad, que también se vería reducida, en porcentajes mayores durante el verano, lo que supondría un aumento de la insolación de la superficie terrestre.
