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Definiciones básicas

Definiciones básicas

 

 

El suelo generalmente se define como la capa más superficial de la corteza terrestre formada por partículas minerales, materia orgánica, agua, aire y organismos vivos.

Constituye la interfase entre tierra, aire y agua albergando la mayor parte de los organismos vivos. Como la formación del suelo es un proceso extremadamente lento en el tiempo es considerado como un recurso natural no renovable. El suelo nos proporciona comida, biomasa y materias primas además de ser la plataforma de la actividad humana y el paisaje y desempeñar un papel esencial como hábitat y reserva genética. El suelo almacena, filtra y transforma gran cantidad de substancias incluyendo el agua, los nutrientes y el carbono. De hecho es el mayor almacén de carbono del mundo (1.500 gigatoneladas). Todas estas funciones deben ser protegidas debido a su enorme importancia socio-económica y ambiental. Por otra parte, el suelo es un medio extremadamente variable y complejo, en Europa han sido identificados al menos 320 tipos mayores de suelos dentro de cada uno de los cuales hay enormes variaciones en las propiedades físicas, químicas y biológicas. Sin embargo y a pesar de la variabilidad, de todas las propiedades la estructura juega un papel fundamental ya que de ella depende la habilidad del suelo para desempeñar la mayor parte de sus funciones.

 

La calidad y la salud del suelo son conceptos equivalentes, no siempre considerados sinónimos. La calidad debe interpretarse como la utilidad del suelo para un propósito específico en una escala amplia de tiempo. Sin embargo, el estado de propiedades dinámicas del suelo como contenido de materia orgánica, diversidad de organismos, o productos microbianos en un tiempo particular constituiría la salud del suelo.

 

A pesar de la preocupación creciente acerca de la degradación del suelo, de la disminución en su calidad y de su impacto en el bienestar de la humanidad y el medioambiente, aún no hay definidos criterios universales para evaluar o cuantificar los cambios en la calidad del suelo. Algunas propiedades de los suelos se vienen usando como indicadores de calidad. Estos indicadores pueden ser propiedades físicas, químicas y biológicas, o procesos que ocurren en él.

 

Indicadores físicos: las propiedades que pueden ser usadas como indicadores de calidad son aquellas que reflejan la manera en que el suelo acepta, retiene y transmite el agua a las plantas, así como las limitaciones al crecimiento de las raíces. Estas propiedades son: estructura, densidad, estabilidad de agregados estructurales, infiltración, espesor, capacidad de almacenamiento de agua y conductividad hidráulica.

 

Indicadores químicos: se refieren a condiciones químicas que afectan a las relaciones suelo-planta, la calidad del agua y la disponibilidad de nutrientes. Estas propiedades son: disponibilidad de nutrientes, carbono orgánico total, carbono oxidable, pH, conductividad eléctrica, capacidad de intercambio catiónico y contenido en nitrógeno.

 

Indicadores biológicos: Carbono y nitrógeno de la masa microbiana y respiración del suelo (producción de co2).

 

Otros indicadores: riesgo de erosión y  capacidad de almacenamiento de carbono.